Por Alejandro Alcázar
La movida que se han montado los veteranos es digna de vivir. Decía que en la llegada al hotel los corrillos se multiplicaban. Nano Modrego el ‘asesino maño’ tan locuaz y alegre como siempre, qué tipo más empático. Cupim, ese brasileño al que antes de saludar pregunté si me lo permitía o antes debía sufrir una de sus acometidas, y es que su fuerte empeño en el campo lo lleva escrito en la cara. Pedrinho, ese pequeñín que hacía diabluras con el balón a mil por hora. Chico Lins, todo un mito del fútbol sala. Siempre elegante con pecho al frente y al que los años respetan con un físico envidiable.
FERNANDAO Y BETO
Con Fernandao apenas coincidí y desconocía mi pasado. El hispano brasileño es cercano, atento y esconde simpatía en ese gesto sereno y reservado. Un jugador que ha marcado época en el último decenio. Y Beto, el gran ‘Betihno’, de los pioneros brasileños que llegó a nuestro país, en 1983, y que jugó en infinidad de equipos. Un genuino de nuestra sala que cuando habla parece que está cabreado. “No, yo hablo así”, se defiende entre risas. Otro al que tuve la suerte de ver fue a Luciano, genio y figura hasta la sepultura. Otro Miura del fútbol sala, siempre activo y con una sonrisa de patilla a patilla.
EL PRESI COGORRO
Llegó el momento de marchar a comer, pero antes el presi Cogorro hizo un aparte con los expedicionarios a las puertas del hotel para dar las consignas del programa que quedaba por delante. El plan era comer y luego desplazamiento al pabellón para ver en directo las dos semifinales Barcelona-Palma y Jaén ElPozo. Sus instrucciones y peticiones acabaron en una sonora ovación en agradecimiento a sus desvelos para que cada cosa estuviese en su sitio. La tarde que iba a ser larga, con el colofón del partido que todos querían jugar.

