Por Alejandro Alcázar

El programa seguía su curso y la siguiente parada era el Palacio de Deportes de Cartagena para ver las semifinales. La RFEF cedió amablemente una zona del graderío para los expedicionarios, que se dirigieron en autobús a seguir las semifinales de la Copa. En mi caso, pedí permiso al presi Cogorro y al secretario Merino, el otro soporte de todo la organización, para retirarme al hotel a descansar y poner en alto el pie izquierdo. Arrastro una fascitis desde hace años y tuvo la mala idea de aparecer en mal momento.

La incursión en Cartagena ponía el epílogo final al contenido de la cita, el partido de las estrellas nacionales e internacionales. Llegué al pabellón y allí estaban los protagonistas, calentando en una pista aneja adonde se jugaba el apasionante Jaén-ElPozo que se definió en la tanda de penaltis, y que ambientó el calentamiento con los decibelios de ambas aficiones metidas en harina.

El partido fue una delicia, con diferencias entre los protagonistas. Los hay que mantienen el brío físico, otros lo suplen con experiencia y colocación, pero todos disfrutaron de lo que un día fue su vocación. Los casi 50 jugadores acabaron fundidos en un abrazo tras un partido entretenido y competido en el que cada cual puso lo que aún le quedaba dentro y que es mucho. Nos quedamos con las ganas de ver a los lesionados Cogorro, Lorente, Paulinho o José Ruiz, entre otros.

