Por Alejandro Alcázar

Camino de Cartagena todo era novedad para mí. Reencontrarme con mi pasado, con jugadores que fueron cercanos y otros no tanto, removía mis recuerdos. Toño y Julián Melero eran los más lejanos, o para ser justos, a los que primero conocí y más tiempo llevaba sin ver. Me senté en el segundo asiento rodeado por Tote, el seleccionador, David Córdoba, César y Javi Triguero. Tres generaciones con los que he compartido momentos desde esa distancia que siempre he intentado guardar por aquello de ser un periodista ‘difícil’ para muchos por poner un calificativo a mi trayectoria.
ETERNO TOÑO

JULIÁN, UN CLÁSICO
Julián Melero es en la cancha como en la vida. No es que le conozca demasiado, pero su personalidad amable te acerca a él. Le he visto más partidos que charlas he tenido con él, pero sigue siendo el tipo sereno que llegué a conocer hace unos 30 años. Casi ‘ná’. Tote es Tote. No voy a descubrir que no concede un ‘pase de pecho’. Enérgico, calculador, cariñoso y viperino. Lo tiene todo. La selección no puede estar en mejores manos. Ya dije que no le gusta perder ni a las chapas, y si toma su labor como el Cid Campeador contra los moros.
BUENA ORGANIZACIÓN

El viaje, la verdad se hizo corto pese a las siete horas de camino. Es lo que tiene la novedad. Hicimos una parada en Albacete y ahí fui consciente del nutrido grupo que compuso parte de la expedición, la otra parte esperaba ya en Cartagena. Por cierto, no esperaba, ni de lejos, el excelente ‘timing’ cumplido a rajatabla
por los responsables de toda esta movida, Cogorro y Merino, apoyados en David Córdoba y Tote. De este engranaje faltó Tato, otro viejo roquero. Un acontecimiento familiar feliz le impidió sumarse a la fiesta, que seguro estará en próximos eventos.

