Por Alejandro Alcázar

Seguro que muchos de vosotros estáis acostumbrados a salir de madrugada hacia el curro, como el seleccionador Tote. En mi caso ver a los operarios poniendo las calles es algo inhabitual. Cogorro y Merino me invitaron a subirme al autobús de las leyendas, por aquello de ser ya mayor y haberos visto en acción a todos. Llegué el primero al autobús después de aparcar el coche y agobiarme porque me bajé zombi y no recordaba dónde lo dejé. Lo compartí con uno de los  conductores, que era igual que Goyo, el actor (Gregorio Jiménez), un tipo empático y cercano. La empanada empezaba pronto.

EL NO PARAR DE DAVID CÓRDOBA

Al primero que vi seguro que fue el último que se acostó aquella noche, David (Córdoba). Genio y figura donde los haya. Sus biberones debieron ser de jalapeños. Y lo hizo por la causa. Responsable de recibir y atender a los componentes de la selección All Star Mundial. Lo que me mola de David es que todo lo hace y dice desde la normalidad del que vive a cien por hora. Le vemos ir y venir y le oímos acelerados. Es un no parar. El hombre decía que su coche ya sabe ir y venir solo al Aeropuerto de los paseos que se dio recogiendo a italianos, portugueses y brasileños. Y cada uno con un plan distinto. Todo fue bien, aunque hubo un pequeño disgusto que contaré más adelante.

EXTRANJEROS

La expedición salía del Parque de Las Naciones con parada en Pinto para recoger a un segundo grupo. Al principio de estos viajes siempre estás azaroso y a la expectativa, pero iban desfilando uno tras otro reconociéndolos salvo a los que no pasaron por nuestra Liga. En especial a italianos y portugueses menos a  Nando Grana. Verlos desde la grada vestidos de corto en mi etapa de cronista y el paso del tiempo me alejaba de ellos. Sin embargo, cuando los vi sobre el parqué se hizo la luz, reconocí a todos en aquellos tiempos en los que fueron rivales de nuestra selección.