Por Alejandro Alcázar

Vuelta al autobús con el conductor ‘Goyo’ para ir a comer en grupo. Lo hicimos en la terraza cubierta amplia de un restaurante de buen nivel. Esta fue la primera  cita en la que estuvieron presentes todos los jugadores y dirigentes. Mogollón de gente sentadas en cuatro largas mesas repartidas en dos filas. La distribución fue a discreción, donde te tocara y me caí entre gente maja, maja, maja.

Fernandao y su guapa mujer enfrente, escoltado por Julián Melero y Rafa Fernández, ese
portero espigado multipulpo, que alecciona ahora a los guardametas del Cartagena. Un tipo empático, natural y sencillo este Rafa al que conocí en el mítico Vijusa Valencia que ganó la Copa en 2002 de manera heroica.

También con Joan Linares, ‘Juanito’ desde que le conocí, que desplegó elegancia por el parqué e hizo del gol un recurso de sutileza. Fue un almuerzo agradable, distendido y sabroso. Un picoteo de calidad, por encima de lo esperado, con variedad de platos compartidos que sació los estómagos de las más de 60 comensales reunidas allí (apreciación a ojo).

Dio para mucho, porque veías a la gente compartir conversaciones se conociesen   no, levantarse y buscar cómplices de tiempos pretéritos en vivencias y equipos. A mí, que me gusta abstraerme y hacer un solo en mi cabeza curioseando el entorno, me resultó un ambiente familiar por las caras que iba descubriendo en cada mesa, o en cada rincón. Cada cual implicado en el ambiente que le había  tocado.