Alejandro Alcázar

Decía Aristóteles, un tío muy listo porque pensaba mucho, en un pasaje de su amplia definición del tiempo que “el pasado en algún momento fue, es decir, dejó de ser”. El mismo filósofo griego decía que la a sabiduría se llega cuando se conocen “las causas de las cosas que deben ser útiles para uno mismo”. Si se unen ambos conceptos y los trasladamos a nuestras vidas dentro del ambiente en el que crecimos y que dejamos atrás, topamos con la añoranza. Una palabra, la añoranza, que nos encoge por dentro por ser sinónimo de tristeza pero también de alegría cuando el tiempo hace un paréntesis y te deja colarte por él.

MILLONES DE HISTORIAS

Yo cargo con esa añoranza dentro de un deporte que conocí en 1977 y que me ayudó a crecer profesionalmente. Primero como jugador, malo pero entusiasta por vivir el nacimiento de un “deporte de moda”, eslogan butanero que empapeló España por los años 80. Y luego, como informador durante más de 27 años de actividad que paré en 2008. A un paso de pisar el primer cuarto del siglo XXI soy un recuerdo del deporte, como lo son muchos de los jugadores, entrenadores y directivos que vivieron aquellos tiempos de bonanza ilusionante.

En 2016 volví a asomarme al fútbol sala como mero espectador tras un largo descanso, y lo hice a través de las redes sociales. Me encontré con un deporte dividido, desolado y confuso. Sin memoria histórica que unos cuantos quisieron asumir para sí. Pero detrás hay millones de historias bonitas protagonizadas por personas que, como un puzle, dieron forma a la fotografía general del fútbol sala. Una de esas partes, la más importante, la dibujaron los jugadores.

TESTAFERRO DEL PASADO

Hace tiempo que un grupo de esforzados quisieron recuperar aquellos recuerdos y decidieron echarse al monte creando la selección de veteranos de fútbol sala. No voy a dar nombres, aunque muchos saben quienes dieron forma a esta iniciativa que ahora capitanean los ‘Albertos’, Cogorro y Merino, implicados desde el principio. Ambos me han invitado a sumarme al carro y ser parte de un proyecto tan humilde como ilusionante.

Esperan de mi que tire de memoria para ser un poco el testaferro escrito de siluetas futsalísticas por haber vivido la transición del fútbol sala en blanco y negro al color, aunque ahora vivamos en escala de grises. Recuperar el tiempo de un fútbol sala que fue para que siga siendo, sobre todo para esas nuevas generaciones que no saben quienes fueron los Toño, Julián, José Prieto, Fali o Crispi…, por poner unos pocos ejemplos.

HÉROES Y VILLANOS

Y, a la vez, empaparme de la sabiduría de todos ellos a los que he visto cambiados por el paso del tiempo en el que yo mismo me pongo de ejemplo. Canoso, con barriga, barba, alguna que otra arruga, pero, como todos ellos, sigo aprendido “las causas de las cosas que deben ser útiles para uno mismo”. Y qué mejor que beber de esa fuente de manera presencial.

En mi primera experiencia tuve reencuentros emocionantes con muchos de esos exjugadores. Tuve la suerte de escribir miles de crónicas en los que ellos fueron héroes o villanos, protagonistas directos que encendían mi creatividad para contar como mejor supe hazañas y tristezas, porque ganador solo hay uno. Y espero, sobre todo que quien siga a través de mis notas a estas leyendas del fútbol sala sepan que ellos fueron los que dieron sentido al deporte y a mis crónicas.

VIAJE AL PASADO

Os invito a que os deis un paseo por mi primera experiencia. Fue con motivo de la Copa de España de Cartagena, en un partido que las Leyendas del Fútbol Sala se reunieron para ‘Viajar al Pasado’ en esa excelente plataforma que han creado en internet https://leyendasfutsal.es/ . Leyendas nacionales y extranjeras que dieron vuelo a un deporte que unos cuantos convirtieron en ‘modalidad’, y cambiar el paso a quienes jugamos, vimos y disfrutamos del FÚTBOL SALA.