Por Alejandro Alcázar
La expedición llegó al hotel de Cartagena a la hora de comer. El aterrizaje fue épico. Y lo digo de verdad porque me recordó a aquellas Copas de España de la LNFS que reunían a todos los que formábamos parte del ‘circo’. Los hall de los hoteles eran un bullir de personajes de todo tipo con protagonismo para los jugadores de los ocho finalistas. Reviví aquellas 18 fases finales en las que tuve la suerte de estar. El cruce de saludos se multiplicaban. Reencuentros de excompañeros o rivales aflorado por un sentimiento de emoción en cada saludo.
GUSTAVO MÁRQUEZ
En la puerta me cruce con el brasileño Gustavo Márquez, ese jugador elegante siempre con la cabeza levantada. No se acordaba de mí, ni falta que hacía, pero comentamos un rato la ‘jugada’ y me contó su mala experiencia: “Estábamos tomando algo en el aeropuerto con David, que vino a buscarnos, y me quitaron la maleta que tenía delante…”. Luego David completaba el relato: “Acabamos en la comisaría. Le quitaron los dos pasaportes, los DNI, un reloj… Menuda odisea”.
PEPÍN, EL HÉROE DE ARAGÓN
Por fin pasé al hall y se acumulaban los saludos de gente a la que hacía lustros, décadas y más sin vernos. Pepín, el héroe de Aragón, sigue igual pese a que los años: “A la cabecera de la cama que tenía en mi casa, mi padre rescató un recorte de tu crónica de cuando ganamos la Copa de Zaragoza…” ¡Madre mía qué recuerdos! Aquél Príncipe Felipe en el que no cabía un alma en 1993. Con triunfo del Sego de Zaragoza contra el gran Talavera (6-4) que lo reventó todo.

